La revolución del ‘blockchain’: comunicación sin intermediarios

Aunque no seamos conscientes de ello, la comunicación digital está cambiando constantemente. Cualquier transformación o avance tecnológico pone en cuestión la estructura misma del sistema; un sistema que, hasta ahora, ha estado dominado por las grandes empresas de Silicon Valley que se han erigido en intermediarios inevitables para cualquier transacción de información en la red.

Google es quizá el ejemplo más evidente. Su vocación monopolizadora respecto a las transacciones de datos ha provocado que cualquier iniciativa (empresarial o no) que quiera prosperar en la red deba ajustarse a las exigencias y condiciones de su algoritmo. Los críticos de este modelo, como Nick Srnicek, hablan de “capitalismo de plataformas”, en la medida que Google, Facebook o Amazon -entre muchos otros- se han erigido como “infraestructuras digitales que permiten que dos o más grupos interactúen. De esta manera se posicionan como intermediarias que reúnen a diferentes usuarios: clientes, anunciantes, proveedores de servicios, productores, distribuidores e incluso objetos físicos.”

Sin embargo, una nueva revolución amenaza con desbaratar el actual equilibrio de poder entre todos estos gigantes de las plataformas y devolver a internet su potencial democratizante: el ‘blockchain’.

¿Qué es el ‘blockchain’?

Traducido al castellano como “cadena de bloques”, el ‘blockchain’ se define como una forma alternativa de transacción de datos digitales mediante un “registro compartido por millones de ordenadores conectados donde se inscriben y archivan las transacciones de dos partes de manera verificable, permanente y anónima, sin necesidad de intermediarios.”

Se considera una tecnología digital que garantiza la veracidad de las operaciones y, desde sus primeras aplicaciones, ha estado asociado a la popularización de las ‘bitcoins’. Sin embargo, por la seguridad que ofrece esta herramienta, resulta una innovación muy interesante para todo tipo de actividades, desde las transacciones monetarias de los bancos tradicionales hasta el establecimiento de sistemas fiables de voto por correo.

Por ‘blockchain’ se entiende un modelo descentralizado y abierto donde el control de todos los procesos pertenece a los usuarios, que son quienes definen las condiciones de posibilidad para que las transacciones de información puedan tener lugar. Por ello, la cadena de bloques se presenta como una nueva forma de democratizar internet, pues su proliferación podría dejar en fuera de juego a las grandes compañías que se han vuelto dependientes de las comunicaciones y los datos que producen.

Comunicación en cadena de bloques

Cuando se discuten los efectos prácticos que la llegada de la tecnología ‘blockchain’ puede implicar para comunicación digital, siempre se alude a la veracidad y a la seguridad de las transacciones: por ejemplo, el hecho de que facilitaría la detección de fake news, que permitiría implementar nuevas herramientas de pago más seguro o que podría acabar con los problemas de gestión de las bases de datos.

Pero la ausencia de intermediarios también tiene otras consecuencias positivas para la comunicación digital, puesto que permite que las empresas se relacionen directamente con clientes y usuarios. El caso de la publicidad y el marketing digital es sintomático a este respecto: si hasta ahora cualquier campaña debía ajustarse a los criterios informacionales que propusiera el intermediario (fuera este Google, Facebook o cualquier otra plataforma), el ‘blockchain’ permitiría lanzar directamente los anuncios y llevar un registro exacto de las veces que se ha visto, así como de la empresa que lo genera: la transparencia sería total.

Esto también supone un reto para las redes sociales, pues en la medida que estas se abran a la tecnología ‘blockchain’, al menos a nivel de datos, desaparecerá el anonimato. En este sentido, Jack Dorsey, el CEO de Twitter, anunció a finales del año pasado que su empresa ha creado un equipo de cinco personas con el objetivo de desarrollar estándares de código abierto para facilitar la descentralización de las comunicaciones. Esto, a la práctica, significa que están trabajando en la posibilidad de convertir Twitter en algo parecido a Mastodon, una nueva red social, acorde al espíritu de transparencia del ‘blockchain’, que se define como “una plataforma descentralizada cuyo código y documentación están disponibles en el repositorio GitHub”.

¿La uberización de los medios de comunicación?

Por otro lado, los medios de comunicación también pueden verse directamente afectados por estos cambios. Covadonga Fernández, fundadora de blockchainmedia.es, considera que el futuro de los medios es el de convertirse en “plataformas uberizadas, con redacciones globales, donde se pueda compaginar diferentes usos horarios y lenguas”.

Esta idea no surge de la nada, ni designa un utopismo irrealizable. Es un hecho que la cadena de bloques permite la creación de redacciones independientes que se unan a través de una estructura cooperativa, donde cada periodista es propietario de la información y de los datos que produce, que pueden ser identificados a través de una criptofirma.

Actualmente ya existen propuestas como Civil, que están explorando este camino. Como explica Matt Coolidge, cofundador de la plataforma: “Civil nace para hacer frente a los problemas de titularidades y de modelo de distribución actuales de los medios de comunicación. No es verdad que no hay dinero en la industria periodística, el problema es que está concentrado en unas pocas empresas de tecnología, especialmente Google y Facebook”.

Como todos los expertos señalan, una de las principales motivaciones para la creación de este tipo de cooperativas es encontrar un modelo más ético y justo en el que fundamentar la comunicación digital. El periodismo, por su vocación de veracidad y transparencia, debe ser la punta de lanza de esta transformación, pero la idea es que la democratización y la redistribución igualitaria del poder -hasta ahora centralizado en las manos de los gigantes de Silicon Valley- afecte a todos los sectores.

La cuestión ahora es saber cuánto tardará el ‘blockchain’ en convertirse en una herramienta mayoritaria y si realmente podrá imponerse al actual capitalismo de plataformas.